domingo, enero 31, 2010

Las increíbles aventuras de la Guerra contra el narco.

...Tanto la sociedad internacional como algunos gobiernos tienden cada vez más a coincidir en una certidumbre: que las estrategias prohibicionistas y punitivas no han resultado ni resultarán exitosas, y que en general tienen como consecuencia un aumento significativo de la violencia.


¿Cuál será el comúm denominador de las noticias en todos los periódicos del país? ¿Ejecutan, levantan, asesinan?

Al revisar el día en noticias ya hasta se lleva una cuenta de las personas que dejaron de existir por hechos violentos y 'presuntamente' relacionados con el narco. De un tiempo para acá son hasta menores de edad quienes saltan a primeras planas de este tipo y las investigaciones nunca se siguen.
Pero cuidado que te pases un retén militar porque te conviertes automáticamente en un delincuente al que sólo se le puede parar a base de balazos.

Catorce asesinados en fiesta de cumpleaños en Juárez.
Masacran a 11 menores y tres adultos en fiesta en Juárez.

¿Para que putas esta el ejercito allá si no hacen absolutamente nada?

El enano de mierda de Calderón ha fallado en todo, en sus políticas y acciones, demuestra su pendejez cada día más y se hace eterno el tiempo que le queda en la devaluada y demacrada 'silla presidencial.'


Las justificaciones de la guerra, desmontadas.

Lo primero que hacen Castañeda y Aguilar es derribar los tres argumentos generales que utilizó el gobierno para justificar la guerra, 1) el consumo, 2) la violencia, y 3) la suplantación/penetración. Revisémoslos:

1. La primera justificación del Gobierno para declarar explicar la guerra fue la advertencia de que México se había convertido en un país consumidor de drogas y no sólo un lugar de tránsito, donde el narcomenudeo afectaba a niños y jóvenes de manera creciente y alarmante: la consigna de comunicación oficial fue “Que la droga no llegue a tus hijos”. Sin embargo a partir de las estadísticas del propio gobierno la conclusión a la que llegan los autores es que el consumo en México sigue siendo mínimo en relación con la población, con tasas de prevalencia e incidencia muy bajas en términos comparativos mundiales y regionales. Si, ha habido en los últimos diez años un crecimiento del consumo (en adultos), pero este ha sido pequeño, y a partir de una base absoluta insignificante. Se trata de un crecimiento correlativo al crecimiento de la población, pero que muy difícilmente justifica unas medidas tan drásticas como las adoptadas. De hecho, nos dicen, la idea de que México se transformase de pronto en un país de consumo resulta contraintuitiva desde la lógica de los traficantes: la diferencia de ganancia entre vender la droga en México y en Estados Unidos es tan inmensa y la demanda nacional mexicana tan pequeña que, por muchas trabas que existan para introducir la droga en Estados Unidos, este siempre será un negocio mil veces mejor.

2. La segunda justificación fue que el aumento de la violencia relacionada con el narcotráfico y el sentimiento de inseguridad que ésta causaba en la población habían alcanzado ya niveles intolerables. Esta justificación también resulta falaz y un equívoco.

Para empezar, el aumento de la violencia anterior a 2006 es objetable. Como demuestra F. Escalante en un ya célebre ensayo publicado en Nexos en Septiembre de 2009 la tendencia (antes de la “guerra”) de la violencia (en especial del homicidio) era el descenso. Tomando en cuenta el aumento de población, se calcula que los homicidios han caído en un 20% en la última década, en una tendencia nacional claramente decreciente, en la que las tasas mexicanas son relativamente bajas en términos regionales. De nuevo los números refutan la idea que justificó la guerra.

Aunque la inseguridad sentida por la población era real, lo que ocurrió fue que el Gobierno definió de forma equivocada sus causas: la espectacularidad de ciertas escenas violentas y su repetición en los medios de comunicación masiva en 2006 crearon la ficción de que la inseguridad padecida por la población general estaba imbricada principalmente con el narcotráfico, cuando esto no era así. La inseguridad venía causada esencialmente por el auge de delitos menores, de carácter económico, cuyos principales exponentes eran el robo, el asalto, y el secuestro; no por las ejecuciones entre narcos.

Por último, Castañeda y Aguilar constatan una vez más que, si el pretendido sustento de la guerra consistía en abatir la inseguridad y la violencia (supuestamente procedentes del crimen organizado), los resultados son indefendibles, ya que la violencia procedente del narco y provocada por la propia estrategia de guerra no ha hecho más que aumentar.

3. La tercera justificación de la estrategia fue la idea de que los traficantes estaban disputando el control territorial al Estado en numerosas partes del país, amenazando con suplantarlo, y penetrando en la estructura institucional estatal a un nivel nunca visto.

El primer punto del temor no es nuevo y es un tema que ya se ha tratado y criticado en este espacio, utilizando para ello los trabajos de expertos como Jorge Chabat y Luis Astorga, e intentando desmontar tanto el mito de la “colombianización” como el del “narco- estado”. En este particular, el libro sigue también los argumentos de estos autores, pero de forma menos rigurosa. Es quizá la parte más floja (no por ello menos cierta), comparada con la crítica demoledora a las otras ideas que el Gobierno usó como justificaciones. Sobre el segundo punto, aunque es innegable la penetración del narcotráfico en las esferas públicas, sostener que eso es una novedad o que se encuentre en cotas nunca vistas es difícil: ¡hablamos de México, no de Noruega!, nos recuerdan los autores. Y la complicidad del narco con las autoridades no nació ayer, sino hace una eternidad; y nada hace pensar que sea hoy mayor que antes.

A la luz de la dificultad de sostener los argumentos que el Gobierno utilizó como justificaciones para explicar y defender su decisión, Castañeda y Aguilar concluyen que la declaración de guerra fue eminentemente política: realizar una acción espectacular en lo que se creía era la principal preocupación de los ciudadanos y lograr una legitimación que se piensa “pérdida en las urnas y en los plantones en 2006, a través de la guerra en los plantíos, las calles y las carreteras, ahora pobladas de uniformados”. Una idea también ya conocida, pero nunca dicha abiertamente en un libro, y menos por gente en su momento perteneciente a gobiernos del PAN.



Acabo de llegar de un largo viaje y ya me quiero dormir, jeje.

+ info | El narco: la guerra fallida

2 comentarios:

  1. Comparto tu enojo y frustación, en general a hecho un pesimo trabajo, cada dia hay mas delicuencia, menos trabajo, cada vez se siente mas la resecion, sus medidas parecen patas de ahogado o que obedecen meramente a la doctrina del shock. Pero mi frustación es que llegue quien llegue parece que va ser lo mismo, y peor aun tenemos muchos mexicanos que son mas buenos para estirar la mano y esperar a que papito gobierno les resuelva la vida, que aquellos que trabajamos.

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  2. que lamentable...
    uno ya no puede estar ni seguro en su propia casa, esto ya es grave!
    la policia está de adorno y calderón usa nuestros impuestos para hacer spots disfrazando la realidad con frases como: "estamos 'ganando' la lucha contra e narco"
    ganando? solo estamos ganando muertes inocentes :S
    de mal en peor el país, no sé si está más jodido con el pri o el pan, creo que los dos partidos son la bestia D:

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